Introducción al IX Cartafueyu: L’Arquitectura Popular

Propuesta de portadaNuestra arquitectura y su riqueza patrimonial son el resultado de la historia y de los condicionantes geográficos y climáticos que han determinado la forma de vida de los asturianos durante siglos. La arquitectura tradicional es una de nuestras señas de identidad más significativas, por lo que tenemos la obligación de fomentar su conservación, sin que esto signifique rechazar las nuevas tecnologías y los avances constructivos. Solo así lograremos que nuestras construcciones centenarias y distintivas no lleguen a desvirtuarse y puedan conservar toda su esencia.

La arquitectura tradicional es un espejo de la sociedad que vive en ella. Al analizarla podemos entender su nivel técnico y económico; su modo de vida; las diferencias sociales; las comodidades que disfrutaban o de las que carecían, entre otras muchas cosas. Toda actividad social se lleva a cabo en un lugar, en una construcción que la define y la distingue y en Asturias hay ejemplos únicos y muy valiosos.

A lo largo del siglo XIX aparecen en Europa numerosos estudios y catálogos dedicados a la arquitectura tradicional, y a la preocupación por su conservación, lo que dio lugar a la construcción de museos etnográficos, que en un primer momento se plantearon al aire libre. Los ejemplos de este tipo de acercamiento a la arquitectura tradicional en nuestra tierra son muy numerosos y en todos ellos podemos obtener información muy interesante sobre nuestra arquitectura: Museo Etnográfico «Juan Pérez Villamil», Conjunto etnográfico de Os Teixóis, Muséu Etnográficu de la Llechería de La Foz de Morcín, Museo Etnográfico de Esquíos, Museo Etnográfico de Quirós, Museo Etnográfico del Oriente de Asturias, Museo Vaqueiro de Asturias, Museo Etnográfico de Grandas de Salime, Museo de la Casa Campesina, Museo Etnográfico del Vino «Lagar de Santiso», Museo Etnográfico de Grao, Museo Etnográfico de Sama de Grao, etc.

A finales del siglo XX, aparecen los ecomuseos, cuyo espíritu es el de conservar las construcciones in situ de una forma totalmente fiel a su origen. Se trata de centros museísticos orientados sobre la identidad de un territorio, sustentados en la participación de sus habitantes. También hay muchos y muy buenos ejemplos de ecomuseos en nuestra tierra: Ecomuseo de la casa, los oficios y las rutas etnográficas, Ecomuseo del Pan, Ecomuseo de la Minería, Ecomuséu Ca l’Asturcón, Ecomuseo del Valle de Samuño, etc.

Ambas iniciativas son encomiables pero encerrar nuestra arquitectura en una forma u otra de museo es olvidarlas y hacerlas un producto del pasado cuando en nuestra opinión es un valor cultural que de ningún modo es contrario al desarrollo sino que pueden perfectamente ser parte de él. No se trata de que las generaciones actuales y las futuras vivan como las anteriores,  sino de que sepamos vivir manteniendo algunos elementos del pasado, que son sin duda muy dignos de perpetuarse en el tiempo, junto con los grandes adelantos técnicos y tecnológicos de la época en la que vivimos.

La cuestión que planteamos desde el GFI El Ventolín es que es necesario y urgente conservar este patrimonio cultural porque el estado de la arquitectura tradicional asturiana es, en general, preocupante, tanto por su paulatina desaparición como por su estado de conservación. Desde mediados del siglo XX el mundo rural asturiano se ha deteriorado notablemente por falta de uso y mantenimiento y se han abandonado tanto las construcciones principales, las viviendas, como las auxiliares, produciéndose derrumbes, hundimientos de cubiertas y desplomes de muros que provocan la aparición de solares ruinosos llenos de maleza en el mismo corazón de los pueblos.

Esperamos que esta iniciativa a través de nuestra Colección de Cartafueyos y de la XXXIV Semana del Folclore Astur sirva de difusión de los muchos estudios existentes e impulse un mayor respeto hacia nuestra arquitectura tradicional difundiendo sus características y virtudes de forma que nuestros vecinos la valoren y lleguen a identificarse con ella, lo que será sin duda alguna la mejor forma de asegurar su conservación.

Isaac Vallina Arboleya

GFI El Ventolín (2013)

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Posted on 20/01/2013, in (2013) L' Arquitectura Popular. Bookmark the permalink. Leave a comment.

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